Las pestañas al igual que las cejas fueron creadas para enmarcar el rostro y componen ese acento negro y brillante que concede alas a su mirada, las que agitadas por su parpadear constante, son el guiño imprescindible de la seducción.
Su razón de ser es impedir que objetos extraños y bacterias se introduzcan en los ojos además de filtrar la luz, haciéndola más soportable. Es muy importante conservarlas, mantenerlas firmes, consistentes y en perfecto estado.
Las pestañas tienen una estructura parecida a la del pelo. Están formadas por escamas de queratina, que son las que otorgan elasticidad y resistencia. Su funcionamiento también es parecido. Crecen y se caen y son reemplazadas por nuevas pestañas, pero a un ritmo más lento que el pelo. Duran de cuatro a cinco meses. En número, son aproximadamente doscientas en el párpado superior y ochenta en el inferior, midiendo de siete a ocho milímetros cada una.
Su color se debe a los pigmentos de melanina que, según la piel de la persona, varía desde el rubio claro al negro. Así, una rubia tendrá pestañas rubias; una morena las tendrá negras; y una de piel blanca con cabello negro las tendrá oscuras o castaño fuerte.
Hay tres clases de pestañas:
Como cualquier otra área del rostro, los rayos del sol también las afecta, resecándolas y aumentado su porosidad, lo que las debilita. - Las espesas y arqueadas: Aquellas pestañas que no necesitan rimel por parecer estar siempre pintadas. Son las favoritas de todas.
- Las normales: Aquellas pestañas que con un poco de rimel lucen hermosas y rizadas. Se ven bastante bien.
- Las escasas y débiles: Aquellas pestañas que requieren de un cuidado especial para fortalecerlas.
Desde los años 60, las pestañas han cobrado gran importancia en el arreglo femenino, se han convertido en protagonistas de nuestra mirada porque le dan sensualidad. Por eso es importante tenerlas fuertes, sanas, de un largo obligatorio y un grosor extraordinario.
Es realmente innegable que toda mujer no quiera conseguir el máximo espesor y vitalidad en sus pestañas. Para ello, trate en lo posible de mantenerlas sanas y fuertes pero no sólo por razones de estética si no también porque así desarrollarán mejor sus funciones naturales que son proteger los ojos y darles sombra.
No olvide protegerlas del maquillaje. No olvide desmaquillarse completamente sino las pestañas tenderán a partirse, no oxigenándose de forma correcta. En consecuencia, se volverán más débiles y escasas.
Mucho dicen que la fragilidad de las pestañas, su débil crecimiento y hasta su caída puede deberse a una mala alimentación o síntoma de carencias de algunas vitaminas. Sea cual fuere la razón, dedíqueles tan solo unos minutos de su tiempo para su debido cuidado y conservación.
Ahora, si Usted cree que sus pestañas están muy largas, nunca se le vaya a ocurrir cortarse las pestañas. No las toque para nada.
Y si crecen poco, se recomienda pestañear con frecuencia. Pero, no se queje después ya que por ésto pueden aparecer patas de gallo. |