Alimentación y cáncer
 

La alimentación en los tiempos de cancer debe ser saludable, variada y con suficiente cantidad de nutrientes (vitaminas, fitoesteroles, azufre, selenio y ácidos grasos esenciales como el Omega 3, Omega 6, Omega 9). Una dieta saludable reduce el riego de algunos canceres hasta en un 70%. El paciente de cancer debe en principio cambiar de estilo de vida, dejar esa dieta no saludable. Una dieta saludable es alimentarse con alimentos orgánicos (hay que desarrollar una cultura de alimentación orgánica cuando sea posible), rica en frutas frescas, vegetales, legumbres y cereales integrales. Se debe evitar el exceso de alimentación, reducir la ingesta de carnes y productos lácteos y aumentar la de fibra. Evitar la comida chatarra, los alimentos procesados endulzados, incluyendo las bebidas carbonatadas. Evitar las comidas preparadas con leña, el humo lleva carbón al pulmon. Evitar el azúcar y los productos con féculas refinadas como la harina blanca. Reducir la ingesta de grasa, evitar los aceites vegetales hidrogenadas como la margarina. Tratar de cocinar en ollas de barro, evitar las ollas de aluminio. Beber agua hervida un litro diario.


La principal dieta para mejorar el cancer es la macrobiótica, cuya eficacia ha sido reconocida en todo el mundo. La otra dieta es la dieta yoguita. Estas dos dietas son históricas y similares para tratar el cáncer: dietas predominantemente vegetarianas, de alimentos integrales.  Estos tipos de dietas han ganado popularidad debido a notables casos de personas que han atribuído al cambio dietético su curación de cáncer normalmente fatales.  Los hijos de personas con cáncer deben tener una alimentación sin carnes rojas, leches de animales y embutidos, ya que esta alimentación propicia el cancer, mejor deles su dieta macrobiotica.

 

Para empezar una nueva dieta que sea regenerativa el paciente con cáncer debe realizar un ayuno de desintoxicación. Luego es recomendable seguir todos estos detalles en su alimentación diaria. Es recomendable consumir diariamente repollos o coles, coliflores, ajos, brócoli; cebolla, zanahoria, frutas ricas en vitamina C, granada, tomate, almendra, los cítricos ( por ejemplo la cáscara de mandarina posee salvesterol Q40 compuesto con propiedades anticarcinógenas), y los alimentos ricos en fibra — como el pan integral— facilitan el tránsito intestinal y así la eliminación de toxinas; que los cúreles constituyan 40% de la dieta. Que parte de la dieta sea grasa omega 3 (20%), principalmente aceite de oliva virgen; y evitar el aceite refrito. Evitar las carnes rojas (si no lo puedes eliminar, no más de 500 gramos semanales) y los productos lácteos; cambiar a consumir soya orgánica, de tal manera que sea 15% de tu dieta.  Se debe evitar y se consideran muy nocivos la comida chatarra, alimentos procesados, en especial los que poseen ciclamato de sodio o sacarina como "endulzantes", así como los abundantes en nitratos (tal como ocurre con los hot dogs) , tampoco resulta conveniente el demasiado consumo de azúcar o los edulcorantes artificiales.  También se desaconseja el comer frecuentemente los alimentos parcial o totalmente quemados. También (pese a ser sabrosos) tienen compuestos carcinógenos de nocivos efectos si el consumo es crónico los alimentos ahumados (cuanto más ahumados más peligrosos). Se desaconseja el consumo asiduo de bebidas alcohólicas: existe una cierta tolerancia del cuerpo humano a dosis moderadas de bebidas alcohólicas fermentadas como el vino, la cerveza o la sidra pero predisponen a diversas formas de cáncer (además de otras patologías) las bebidas alcohólicas destiladas (vodka, whisky, gin etc.). Consumir pescado azul (atún, trucha, salmón, caballa), que sea 50% de la dieta diaria. Por último, es aconsejable ser delgado (no famélico).

 


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